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Sumisos, todos deben de ser sumisos

Arzobispo de Granada, Francisco Martínez. Fotografía: Agencia EFE
Arzobispo de Granada, Francisco Martínez. Fotografía: Agencia EFE

Descubrimos que monseñor Martínez, arzobispo de Granada, legionario de Cristo, no solo se preocupa por disputar en economía y gestión con sus iguales, ni de publicar y apadrinar libros que inducen a la sumisión, alentando la desigualdad de género, de hacer declaraciones que fomentan la homofobia, de ser acusado por coacciones y amenazas, fue encontrado culpable aunque se libró al final por prescripción al recurrir, todo ello muy cristiano, si no que además ha estado retrasando, y obstaculizando, en contra de lo que dicta la ley -de los hombres, pero ley al fin y al cabo-, una investigación por pederastia en su arzobispado. Al punto que ha tenido que ser enmendado desde el Vaticano por el Papa Francisco.

Las normas del Vaticano, bastante tardías en volverse contundentes pero bien recibidas al menos por mi parte, instan en proceder contra “delicta graviora” lo que viene a ser actuar contra acciones contra su fe, sacramentos, y moral, en los que evidentemente están los abusos a menores. Estás no solo determinan que hay que actuar contra los supuestos autores, tomando medidas cautelares, sino que también se tiene que actuar contra los encubridores. Esto se le olvidó al legionario al igual que informar a la conferencia episcopal.

Por ahora el juzgado investiga a doce personas: tres sacerdotes diocesanos, los presuntos autores, siete sacerdotes encubridores y dos seglares.

Siendo como soy muy crítico con muchas de las actitudes y comportamientos de la Curia Católica, el ejemplo de monseñor Martinez es uno de ellos, por otro lado el ejemplo de Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares, no debo por conciencia más que alabar que empiece a verse desde el Vaticano una inclinación al respeto no solo por sus leyes divinas sino por las de los hombres, y que comience a distinguir entre el respeto a su fe, como se merecen evidentemente al igual que todas las demás, y el cumplimiento de las leyes humanas que también son no solo merecedoras de respeto sino de obligado cumplimiento para todos y no únicamente para los laicos.

A monseñor Martinez, no tengo nada que decirle, sigue la pauta marcada por el fundador de su orden Marcial Marcel y no se puede esperar otra cosa. Lo demuestra día a día.

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